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denuncia que el uso de preservativos no sólo no rebaja los casos de sida en áfrica, sino todo lo contrario, los aumenta porque fomenta la promiscuidad

El Papa, rotundo contra la demagogia progre

Redacción Madrid. 19 de marzo.

Benedicto XVI no se deja manipular por la demagogia ni las mentiras de consenso que la progresía internacional ha logrado imponer en la sociedad. Así, en unas rotundas y valientes declaraciones, ha dicho que el uso de preservativos no sólo no reduce la incidencia del Sida, sino que al revés, la aumenta al promover la promiscuidad entre las gentes. El Papa ha reiterado que sólo una sexualidad sana, entendida en el contexto del amor y del respeto al otro, es el camino para la salud física y mental de las personas, un mensaje que ha enfurecido y ofuscado a los enemigos de la Iglesia.

Y es que, "al leer los periódicos da la impresión de que la Iglesia dice que, si una persona va a tener relaciones con una prostituta, no debe utilizar el preservativo", según ha dicho el presidente de la asociación de los médicos católicos del mundo. José María Simón Castellví ilustra con este ejemplo la superficialidad con que algunos medios de comunicación han informado sobre las palabras que Benedicto XVI pronunció el martes a bordo del avión que le llevaba a Camerún, cuando aclaró que el preservativo no es la solución al sida.

"La Iglesia defiende la fidelidad, la abstinencia y la monogamia como mejores armas", indica el presidente de la Federación Internacional de Médicos Católicos (FIAMC) en una declaración concedida a ZENIT.

Sin embargo, los medios e incluso algunos representantes políticos han acusado a la Iglesia de promover en África el sida. Obviamente, aclara el médico, la Iglesia no está diciendo que se pueden mantener todo tipo de relaciones sexuales promiscuas, a condición de no utilizar el preservativo.

El doctor Simón explica que para entender lo que dice la Iglesia sobre el preservativo es necesario comprender qué es el amor, como explicó el mismo Papa a los periodistas, a pesar de que ese pasaje de su conversación fue censurado por la mayor parte de los medios de comunicación.

"El preservativo es una barrera, pero una barrera con límites que muchas veces se franquean. Especialmente en jóvenes puede ser contraproducente desde el punto de vista de la transmisión vírica", añade.

"Los médicos católicos estamos a favor del conocimiento científico --aclara--. No decimos las cosas sólo por carga ideológica. De la misma manera que admitimos que un adulterio de pensamiento no transmite ningún virus pero es algo malo, debemos decir que los preservativos tienen sus peligros. Barreras limitadas".

El doctor ilustra la posición de la Iglesia poniendo un caso histórico, recogido por medios informativos.

En Yaundé, Camerún, en 1993, se celebró la VII Reunión Internacional sobre el Sida con expertos médicos y sanitarios. Fue una reunión en la que participaban unos trescientos congresistas y, se distribuyó al final, un cuestionario para que se indicase, entre otras cosas, si se había tenido relaciones sexuales durante los tres días que duró la reunión con personas que no fuesen pareja estable.

De los encuestados, el 28% contestó que sí, y de éstos, una tercera parte dijo que no había tomado "precaución" alguna para evitar contagios.

"Si esto ocurre entre personas 'concienciadas', ¿qué ocurrirá entre la gente normal?", se pregunta.

Aclaración de la Santa Sede sobre las palabras del Papa y el sida

Declaración del padre Federico Lombardi, S.I.

A propósito del eco suscitado por palabras del Papa sobre el problema del sida, el director de la Oficina de Información de la Santa Sede, el padre Federico Lombardi, precisa que el Santo Padre ha confirmado las posiciones de la Iglesia católica y las líneas esenciales sobre su compromiso por combatir el terrible flagelo del sida: primera, con la educación en la responsabilidad de las personas en el uso de la sexualidad y con la reafirmación del papel esencial del matrimonio y la familia; segunda, con la investigación y la aplicación de tratamientos eficaces para el sida y al ponerlos a disposición al mayor número de enfermos a través de muchas iniciativas e instituciones sanitarias; tercera, con la asistencia humana y espiritual de los enfermos de sida, así como de todos los que sufren, que desde siempre están en el corazón de la Iglesia.

Estas son las direcciones en las que la Iglesia concentra su compromiso, considerando que buscar esencialmente en una más amplia difusión de preservativos no constituye en realidad el mejor camino, el de más amplias miras, ni el más eficaz para afrontar el flagelo del sida y tutelar la vida humana.

Pregunta sobre el Sida y respuesta del Papa durante la conferencia de prensa en el vuelo a Camerún

Pregunta: Santidad, entre los muchos males que afligen a África, está en particular el de la difusión del Sida. La postura de la Iglesia católica sobre el modo de luchar contra él es considerada a menudo no realista ni eficaz. ¿Usted afrontará este tema, durante el viaje? Querido Santo Padre, ¿le sería posible responder en francés a esta pregunta?

Papa: Yo diría lo contrario: pienso que la realidad más eficiente, más presente en el frente de la lucha contra el Sida es precisamente la Iglesia católica, con sus movimientos, con sus diversas realidades. Pienso en la comunidad de San Egidio que hace tanto, visible e invisiblemente, en la lucha contra el Sida, en los Camilos, en todas las monjas que están a disposición de los enfermos... Diría que no se puede superar el problema del Sida sólo con eslóganes publicitarios. Si no está el alma, si no se ayuda a los africanos, no se puede solucionar este flagelo sólo distribuyendo profilácticos: al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema. La solución puede encontrarse sólo en un doble empeño: el primero, una humanización de la sexualidad, es decir, una renovación espiritual y humano que traiga consigo una nueva forma de comportarse uno con el otro, y segundo, una verdadera amistad también y sobre todo hacia las personas que sufren, la disponibilidad incluso con sacrificios, con renuncias personales, a estar con los que sufren. Y estos son factores que ayudan y que traen progresos visibles. Por tanto, diría, esta doble fuerza nuestra de renovar al hombre interiormente, de dar fuerza espiritual y humana para un comportamiento justo hacia el propio cuerpo y hacia el prójimo, y esta capacidad de sufrir con los que sufren, de permanecer en los momentos de prueba. Me parece que ésta es la respuesta correcta, y que la Iglesia hace esto y ofrece así una contribución grandísima e importante. Agradecemos a todos los que lo hacen.
 

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