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la dura noticia de que casi medio centenar de abertzales había atacado y propinado una paliza a dos guardias civiles francos de servicio

La "baja intensidad" que no cesa

Manuel Parra Celaya. No nos sorprendió la dura noticia de que casi medio centenar de abertzales había atacado y propinado una paliza a dos guardias civiles francos de servicio y a dos chicas que les acompañaban en un bar de Alsasua; en todo caso, me llamó la atención que el suceso saltara a los periódicos y a las televisiones, cuando suele imponerse en estos casos la cautela informativa para no alarmar al personal. Había tenido información particular de otras agresiones por el estilo, que no merecieron ni una línea.

Tampoco me extrañó el hecho de que tuviera lugar en una localidad de Navarra, objetivo del imperialismo separatista vasco desde hace muchos años, al mismo nivel que lo son para el separatismo catalán sus anheladas colonias de Valencia y las Baleares. He podido comprobar, en recientes visitas a localidades navarras, el grado de penetración, nada sutil en la actualidad, de esta ideología anexionadora y secesionista, extraña a la historia de Navarra, a sus fueros y la condición de sus habitantes. No olvidemos, además, que pende sobre ella esa constante espada de Damocles que es la Disposición Transitoria Cuarta de la Constitución del 78. Pero vamos a centrarnos en la salvaje agresión de que fueron objeto un teniente y un sargento de la Benemérita y sus acompañantes, y que seguramente será considerado como heroicidad por los alevines de etarras.

Porque este caso y otros similares suelen inscribirse en lo que los políticos y periodistas cursis y cautos califican como terrorismo de baja intensidad; al parecer, la intensidad de un acto criminal se mide por los instrumentos empleados en su ejecución (explosivos, armas largas o cortas, cuchillos, botellas de refresco…). Es curioso también que los parabienes y beneplácitos que se dan efusivamente los partidos demócratas y constitucionalistas por el supuesto fin de la ETA suelen ir acompañados de informaciones contradictorias al respecto, tales como el descubrimiento de un zulo de armas en Francia o el constante acoso y acción propagandística denigratoria de las Instituciones del Estado, por parte de los partidos y grupos del entorno etarra.

Además de este triunfalismo oficial y de las matizaciones sobre la intensidad de los actos violentos, se suele ocultar cuidadosamente la denominación de la inducción de tipo ideológico que lleva a cometerlos. No está de más recordar que, cuando la estrategia aconsejaba el tiro en la nuca o la bomba-lapa, casi todos coincidían en calificar a ETA como fascista o nazi y nadie mencionaba el carácter abiertamente marxista-leninista, por una parte, y separatista, por otra.. También se ha extendido la amnesia al hecho de que naciera de una escisión de las juventudes del PNV y, para más inri, en un Seminario, y de que el inefable Arzallus hablara tan claramente del árbol y de las nueces… Parafraseando la conocida décima sobre el asesinato de D. Juan de Tarsis, aquí se podría decir que el matador era Bellido y el impulso…soberanista; ese era –y es- el objetivo del terrorista de alta o baja intensidad: la segregación de un territorio español del conjunto de la Nación.

Esta amnesia histórica, que encierra una disociación interesada entre medios y fines, también la hemos tenido en Cataluña, donde nadie recuerda a Terra Lliure, algunos de cuyos antiguos militantes, convenientemente reconvertidos en demócratas, figuran en partidos separatista hoy en el candelero. Sabemos de sobra que el motor del nacionalismo insolidario y secesionista es el odio a lo español, y a esto se deben todas sus actuaciones sean con la acción terrorista, con actuaciones callejeras más o menos violentas o de guante blanco. Los medios pueden depender, en cada caso, del grado de atrevimiento o, la mayoría de las veces, de la idoneidad de una u otra estrategia, pero persisten, por encima de todo, los fines ideológicos.

Hacer frente a los primeros, cuando optan por el asesinato o la agresión, es tarea de las Fuerzas de Seguridad del Estado y de los jueces; desarbolar los segundos es una tarea que incumbe a toda la sociedad, organizada en Estado, y entre cuyos recursos destacan, básicamente, la información veraz sobre impulsos y motivaciones ideológicas, para que nadie se llame a engaño, y, por supuesto, la educación, hoy, aquí y allá, entregada a las directrices de los secesionistas.

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